Tu compañero no hace su parte del proyecto: ¿cubrirlo, hablar con él o avisar a tu jefa?
Cubrirlo salva esta entrega. El problema es lo que aprende todo el mundo si lo conviertes en costumbre.
Redacción de Estrategia2 minutos de lectura

La situación
Caso hipotético, construido a partir de situaciones habituales.
Lleváis tres semanas con un proyecto a dos para un cliente: tú preparas el análisis y tu compañero, la propuesta. La entrega es el viernes y su parte está a medias. Ya le has preguntado dos veces cómo va y siempre contesta «lo tengo controlado». Tu jefa os ve como un equipo y va a valorar el resultado de los dos.
Por qué no es fácil decidir
Cubrirlo parece lo responsable: la entrega sale y el cliente no nota nada. Pero el trabajo extra lo pones tú, y lo que ve tu jefa es un equipo que funciona. Si se repite, todos aprenden, él también, que su parte acaba haciéndola otro.
Contarlo tiene el riesgo contrario. Si vas a tu jefa sin haber hablado claro con él, lo que se recuerda no es su retraso, sino que lo señalaste. Y tampoco sabes por qué va tarde: puede tener otro encargo que tú no ves o un problema que no ha contado.
Lo que de verdad decide es cuánto margen queda antes de que la entrega peligre, y si esto es un bache o una costumbre.
Las salidas
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Hacer tú su parte sin decir nada
- Qué ganas
- La entrega a tiempo y ningún conflicto.
- Qué arriesgas
- Cargar con el doble de trabajo sin que nadie lo sepa, y que se convierta en lo normal.
- Tiene sentido si
- Es la primera vez, sabes que pasa por un mal momento y lo que falta es poco.
-
Hablar con él, claro y con fecha
- Qué ganas
- La ocasión de resolverlo entre los dos y saber qué está pasando.
- Qué arriesgas
- Una conversación incómoda y otro «lo tengo controlado».
- Tiene sentido si
- Todavía hay margen para que termine su parte antes de la entrega.
-
Avisar a tu jefa del riesgo
- Qué ganas
- Que lo sepa a tiempo quien puede repartir el trabajo.
- Qué arriesgas
- Que tu compañero lo viva como una acusación y la relación se resienta.
- Tiene sentido si
- Ya has hablado con él y nada ha cambiado, o la entrega corre peligro de verdad.
Lo que haríamos
La segunda salida y, si no funciona, la tercera. Quedan unos días de margen, así que la conversación con él va primero. Pero tiene que ser distinta de las dos anteriores: un «¿cómo lo llevas?» se contesta con un «controlado». Lo que funciona es una pregunta concreta con fecha: «Para llegar al viernes necesito tu parte el miércoles a mediodía y unirla con la mía. ¿Llegas? Si no, dime qué te falta y lo vemos».
Si el miércoles no está, avisar a tu jefa ya no es señalarlo: es informar de un riesgo para la entrega. Habla del proyecto, no de él: «La propuesta va con retraso y el viernes está en riesgo. ¿Cómo prefieres que lo organicemos?». Y díselo antes a tu compañero, para que no se entere por ella.
Lo que no haríamos es hacer su parte en silencio por sistema. Una vez, para echar una mano, es generosidad. Como costumbre, el trabajo de dos lo hace uno, y solo se nota el día que falla.
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