Tu jefe te pide que le des a un cliente una excusa falsa: ¿obedecer, negarte o buscar otra salida?
La excusa la das tú, no tu jefe. Antes de elegir entre obedecer y plantarte, busca una versión que sea verdad.
Redacción de Estrategia3 minutos de lectura

La situación
Caso hipotético, construido a partir de situaciones habituales.
Un cliente importante pregunta por qué su pedido llega con dos semanas de retraso. La razón real es que tu empresa lo puso detrás de otro pedido más rentable. Tu jefe te pide que le digas que el retraso es culpa de la empresa de transporte. Tú eres quien habla con ese cliente cada semana.
Por qué no es fácil decidir
Tu jefe decide qué se le cuenta al cliente, y no todo tiene que contarse: nadie te obliga a explicar cómo reparte tu empresa sus pedidos. Pero no es lo mismo callar algo que decir algo falso, y esta vez te piden lo segundo.
Además, la excusa la das tú, no él. Si el cliente llama al transportista o se entera por otra vía, quien pierde su confianza eres tú, que eres con quien trata cada semana. Y negarte en seco tampoco sale gratis: tu jefe puede tomárselo como un desafío.
Lo que decide es si existe una versión verdadera que proteja a la empresa igual de bien. Casi siempre existe.
Las salidas
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Decir lo que te pide
- Qué ganas
- Evitar el choque con tu jefe.
- Qué arriesgas
- Tu credibilidad ante el cliente si se descubre, y ser tú quien cargue con la excusa.
- Tiene sentido si
- Casi nunca. Como mucho, si el transporte también ha tenido parte en el retraso y no estarías diciendo nada falso.
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Proponerle una versión verdadera
- Qué ganas
- Proteger a la empresa sin mentir, y darle a tu jefe algo mejor que un no.
- Qué arriesgas
- Que insista en su versión y tengas que decidir otra vez.
- Tiene sentido si
- Tienes un rato para hablar con él antes de contestar al cliente.
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Negarte a decirlo
- Qué ganas
- No engañar a alguien con quien vas a seguir trabajando.
- Qué arriesgas
- Que tu jefe lo viva como un pulso y la relación se resienta.
- Tiene sentido si
- Ya le has propuesto alternativas y el engaño puede causar un daño real al cliente o a la empresa.
Lo que haríamos
La segunda salida. Tu jefe no te pide mentir porque sí: quiere que el cliente no se enfade. Dale una forma de conseguirlo sin una excusa que puede caerse en cualquier momento. Por ejemplo: «Hemos tenido un problema de planificación por nuestra parte y vuestro pedido se ha retrasado. Lo siento. Sale el lunes y os lo confirmo yo». No explica cómo se repartieron los pedidos, pero no dice nada falso, y un error reconocido suele enfadar menos que una excusa que el cliente puede comprobar.
Cuando se lo plantees a tu jefe, habla del riesgo, no de moral: «Si el cliente llama al transportista, nos pilla, y quien habla con él cada semana soy yo. Prefiero decirle esto». Se acepta mejor una alternativa que un sermón.
Si aun así insiste, puedes pedirle que esta vez sea él quien hable con el cliente. No es plantarte: es dejar claro de quién es la decisión.
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